Existen miles de tipos diferentes de abejas y de avispas, que viven en los seis continentes de la tierra que tienen flores. Necesitan el polen y el néctar de las flores para alimentarse y obtener energía.
Son insectos que habitualmente pican en defensa propia. Pueden ser picaduras individuales o colectivas; algunas avispas tienen un componente en su veneno que anima a otras avispas a picar a la misma persona. Las picaduras son más comunes en personas que trabajan o realizan actividades al aire libre; pueden tener un componente estacional. Las personas que han recibido una picada tienen mayor probabilidad de reaccionar ante futuras picaduras en forma de reacción alérgica severa; por esa razón los adultos suelen reaccionar de manera más intensa que los niños.
Los síntomas variarán dependiendo del tipo de veneno introducido, de la cantidad de picaduras recibidas y de la sensibilidad de la persona al veneno. Lo más frecuente es que produzcan un dolor intenso e instantáneo en el lugar de la picadura. Se acompañará de una roncha y una zona de enrojecimiento rodeando el punto de picadura. En personas sensibles al veneno, puede desencadenar una reacción alérgica grave con hinchazón generalizada y urticaria, dificultad respiratoria, síntomas digestivos y mareo o pérdida de conocimiento.
El diagnóstico es clínico, al coincidir en el tiempo la picadura con los síntomas locales. Se pueden realizar pruebas específicas de alergia y análisis de sangre para medir la cantidad de anticuerpos generados ante el contacto del veneno de abeja/avispa.
El tratamiento con medidas conservadoras es suficiente en la mayoría de casos: limpieza con agua y jabón, aplicar frío local (compresas frías o hielo) y retirar el aguijón en caso de picadura de abeja. Evitar comprimir la zona afectada para no favorecer la propagación del veneno.
Los pacientes alérgicos al veneno pueden beneficiarse de vacunas (inmunoterapia) que reducen la respuesta inmune al veneno. En reacciones alérgicas moderadas puede ser útil la administración de antihistamínicos y corticoides para reducir la inflamación, especialmente si afecta a las vías aéreas. En casos muy severos de shock anafiláctico será necesaria la administración de epinefrina intramuscular; los pacientes que se conocen alérgicos, pueden disponer de autoinyectores de epinefrina en su entorno habitual.

