Es una infección vírica que afecta a animales y que ocasionalmente, puede trasmitirse al ser humano. Es causada por el virus de la viruela símica, originario de zonas de la selva tropical en África central y occidental.
El contagio entre personas se produce por contacto con lesiones de la piel, por saliva, gotículas respiratorias en contactos cara a cara estrechos y por materiales contaminados por el virus, como por ejemplo la ropa de cama.
Inicialmente suele manifiestarse con fiebre, malestar general intenso, dolor de cabeza y dolor lumbar. En un segundo tiempo aparecen lesiones en la piel en forma de vesículas o ampollas, que a diferencia del virus clásico de la viruela no cambian a una forma de pústiulas y costras sino que mantienen su estado de ampolla. Las lesiones generalmente se inician en la cara y mucosa de la boca, y posteriormente se extienden al tronco y extremidades. La erupción se acompaña de una inflamación propagada de los ganglios linfáticos.
El diagnóstico es clínico, mediante el interrogatorio y la exploración física de las lesiones. Se confirma por cultivo de la lesión, realizando pruebas de laboratorio (reacción en cadena de la polimerasa o inmunohistoquímica) o mediante microscopia electrónica.
No existe un tratamiento específico por lo que el tratamiento se basa en una correcta hidratación y analgesia para control de los síntomas. Aunque no se ha confirmado su eficacia, parecen ser útiles los antivirales Tecoviramat, Cidofovir y Brincidovir. La vacuna de la viruela se considera eficaz para prevenir la viruela del mono.

