Ocurre cuando el cuerpo pierde su capacidad de regular la temperatura corporal, sobrepasando los 40°C (104ºF) de forma mantenida.
Se desconoce la causa exacta, aunque se apunta a que existe una predisposición genética. Se han descrito factores que:
a) aumentan la producción de calor (ejercicio, fiebre, drogas, trastornos de tiroides).
b) disminuyen la pérdida de calor (calor y humedad ambiental elevada, deshidratación, drogas, menos sudoración).
c) provocan disfunción de la regulación corporal (discapacitados).
Los síntomas que acompañan a la fiebre alta mantenida: enrojecimiento, sudoración/sequedad de piel, taquicardia, mareo, cefalea, delirio, confusión y convulsiones. Casos severos pueden provocar la muerte de la persona.
El diagnóstico es clínico mediante interrogatorio y exploración física. Se complementará el estudio con análisis de sangre y pruebas de imagen con intención de descartar una infección.
El objetivo del tratamiento es enfriar el cuerpo (lugar fresco, sin ropa, compresas o toallas empapadas de agua fría, etc.). Es recomendable prevenir exposiciones prolongadas al sol, evitar ejercicio en horas de más calor e hidratarse correctamente.
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