El diagnóstico de hipertensión se realiza cuando en dos o más tomas separadas por 6 horas, la paciente presenta una tensión arterial máxima (sistólica) ≥ 140 mmHg y/o una tensión arterial mínima (diastólica) ≥ 90 mmHg.
Las causas de aumento de la tensión arterial durante el embarazo pueden ser debidas a fallos en el desarrollo placentario en fases precoces de la gestación, lo que llevaría a perjudicar a los vasos sanguíneos maternos y desarrollar la hipertensión.
La elevación de la tensión arterial en la embarazada tiene diferentes formas de presentación:
- Hipertensión gestacional: Se caracteriza por la elevación de la presión arterial después de las 20 semanas de embarazo. No hay exceso de proteína en orina ni otros signos de daño de los órganos. Con el tiempo puede evolucionar a una preeclampsia.
- Hipertensión crónica: Presión arterial que antes del embarazo ya era elevada o que se presenta antes de las 20 semanas de embarazo. Sin embargo, como la presión arterial alta por lo general no tiene síntomas, puede ser difícil determinar cuándo comenzó.
- Hipertensión crónica con preeclampsia superpuesta: Este trastorno ocurre en mujeres que padecían hipertensión crónica desde antes del embarazo. En ellas existe un empeoramiento de la hipertensión y se añade la aparición de proteína en la orina, además de otras complicaciones relacionadas con la presión arterial.
- Preeclampsia: Aparición de la hipertensión después de las 20 semanas de embarazo. Asociada con signos de daño en otros órganos, como los riñones, el hígado, la sangre o el cerebro. Si no se trata, la preeclampsia puede generar complicaciones graves, incluso mortales, para la gestante y el feto, incluso convulsiones (eclampsia).
El riesgo de padecer hipertensión gestacional aumenta si ya se tuvo en un embarazo anterior, si la gestación es múltiple (gemelos o trillizos), si hay antecedentes de aborto, y si la mujer es adolescente, o mayor de 40 años.
Algunas veces la hipertensión gestacional no presenta sintomas, pero se puede sospechar ante aumento de peso demasiado brusco, disminución de producción de orina, hinchazón en cara o manos. En casos complicados, pueden aparecer cefalea, dolor abdominal, náuseas y vómitos, disnea (ahogo o dificultad para respirar) o incluso, estados confusionales.
Los riesgos de la hipertensión durante el embarazo son varios, entre ellos:
- Menor flujo sanguíneo a la placenta, con complicaciones para el crecimiento correcto del bebé
- Desprendimiento de placenta.
- Lesión en otros órganos (cerebro, el corazón, pulmones, riñones o hígado)
- Parto prematuro.
- Enfermedad cardiovascular en el futuro.
El objetivo del tratamiento es evitar el aumento de las cifras tensionales y el desarrollo de daño en otros órganos. Inicialmente puede ser suficiente con cambios en el estilo de vida pero la mayoria de las veces es necesario administrar fármacos antihipertensivos.
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