Es una enfermedad infecciosa provocada por un virus de la familia de los flavovirus.
Está ampliamente distribuido por Estados Unidos, Méjico, América central y del Sur, África, Oriente Medio y el sur de Europa.
Se transmite mediante la picadura del mosquito culex, que pica tanto a aves y caballos, como a los seres humanos.
La mayoría de infectados no presentan síntomas. Cuando se manifiestan, suelen hacerlo con síntomas generales como fiebre, dolor de cabeza, dolor en las articulaciones, dolor corporal, síntomas digestivos como vómitos y diarrea, y puede acompañarse de una erupción en la piel. Aunque poco frecuentes, existen casos con afectación del sistema nervioso central (SNC), en forma de fiebre alta, dolor de cabeza intenso, rigidez del cuello, temblores, convulsiones, debilidad muscular, entumecimiento, parálisis muscular y bajo nivel de consciencia, que puede llegar al coma. En los casos más severos con afectación del SNC puede causar la muerte.
El diagnóstico de sospecha es clínico, al coincidir los síntomas con la posibilidad de picadura de mosquito en un área endémica de la enfermedad. Se confirma mediante un análisis de sangre y/o del líquido cefalorraquídeo, donde se detectan anticuerpos IgM específicos para el virus del Nilo. También se pueden realizar cultivos virales y pruebas para detectar el RNA del virus.
Debe hecerse un tratamiento de los síntomas, con antitérmicos para la fiebre, analgésicos para el dolor y una correcta hidratación.
En los casos severos con afectación del SNC puede ser necesario la intubación y ventilación mecánica, para proteger las vías aéreas en caso de bajo nivel de conciencia o cuando la parálisis flácida afecta a la musculatura respiratoria.
No existe una vacuna para humanos que proteja de la enfermedad, por ello son fundamentales los programas comunitarios de control de mosquitos. A nivel personal es recomendable utilizar medidas de protección para evitar las picaduras de mosquito.
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