Es el daño de piel y tejidos profundos, causado por un frío extremo y/o prolongado.
Son lesiones causadas por exposición más o menos prolongada a la acción directa de frío extremo (temperatura inferior a 0ºC). La humedad, inmersión en agua, nieve y viento, agravan el efecto del frío y las lesiones. Es más frecuente en extremidades, nariz y orejas.
Los síntomas que presentan son palidez, falta de sensibilidad, hinchazón, ampollas, picor y dolor, pasando posteriormente a formar ampollas hemorrágicas, piel gris o negra (necrosis) y rigidez de las articulaciones. Afecta a piel, músculos, nervios y huesos.
El diagnóstico se realiza a través de la historia clínica y exploración física completa.
El tratamiento se basa en calentar primero el cuerpo (calor central) y después la zona congelada sumergiéndola en agua progresivamente más caliente, analgésicos y antiinflamatorios, fármacos antiagregantes y/o anticoagulantes, antibióticos si existe sospecha de infección y sólo ante la falta de respuesta a este tratamiento, se valorará la amputación de la extremidad congelada.
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