Es una enfermedad que aparece en personas que se encuentran por encima de los 2500 metros de altitud (8200 pies).
Está causada por una reducción de los niveles de oxígeno a grandes alturas. Un ascenso demasiado rápido favorece su aparición, y ni la edad ni la condición física confieren protección.
Los síntomas más frecuentes son cefalea, alteración del sueño, mareo, fatiga, ahogo, vértigo e incapacidad para caminar en línea recta. Aparecen de 6 a 12 horas tras llegar a la altitud y no suelen dar complicaciones. Si aparece ahogo intenso, coloración azulada de la piel, desorientación, estupor, bajo nivel de conciencia, esputo con sangre y piel pálida debemos pensar en complicaciones más graves como el edema cerebral de altitud y el edema pulmonar de altitud.
El diagnóstico se realiza a través de la historia clínica y la exploración física completa.
Los casos leves se suelen resolver sin tratamiento. En casos graves el tratamiento incluye descender lo antes posible, administrar oxígeno y tratar los síntomas con diuréticos y antiinflamatorios.
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