Lesión producida en la cara como consecuencia de la acción de una fuerza o energía exterior, que lesiona tejidos blandos sin llegar a producir fractura.
Las causas más frecuentes son caídas, actos de violencia, accidentes o golpes fortuitos.
Se manifiesta habitualmente con dolor, inflamación, sangrado (nariz, boca o heridas), pérdida de dientes, dificultad para respirar y cambios en la sensibilidad de la cara.
El diagnóstico se obtiene mediante historia clínica del episodio y exploración física. Puede ser necesario realizar pruebas de imagen para descartar lesiones internas (radiografía y/o TAC de la cabeza).
El tratamiento tiene como objetivo controlar el dolor y la inflamación mediante analgésicos y antiinflamatorios; además se puede aplicar frío local indirecto para disminuir la inflamación. En lesiones sangrantes se debe hacer compresión directa para frenar la hemorragia; algunos casos pueden requerir puntos de suturar.
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